
¿No puedes permitirte comprar un diamante? ¿Qué me dices entonces de una piedra de sapo? Estas piedras, grises o pardas, puede que no brillen al sol, pero según la leyenda estos objetos mágicos cambian de color o de temperatura en presencia de un veneno. Las piedras de sapo, que normalmente se engarzaban en anillos y otras joyas, eran muy populares en la Edad Media, y se creía que procedían del interior de la cabeza de sapos muy viejos.
Según la tradición, una piedra de sapo podía extraerse de la cabeza de un sapo si era necesario, aunque el animal vomitaba amablemente su tesoro si se le pedía. Si alguien te regalaba un anillo con una piedra de sapo, podías comprobar si la piedra era auténtica colocándola ante un sapo. Si saltaba hacia adelante, era auténtica; si se daba la vuelta desdeñoso, era un fraude. (En realidad, las piedras de sapo no son más que piedras vulgares vagamente parecidas a un sapo por su forma y color.)
Además de servir como detectores de venenos, las piedras de sapo eran apreciados talismanes para atraer la felicidad perfecta y la victoria en la batalla. También se usaban como amuleto para proteger las casas y los barcos de cualquier daño, y se creía que tenían propiedades curativas contra las mordeduras y las picaduras.
© El Diccionario del Mago. Página 289.




